martes, 30 de septiembre de 2008
jueves, 28 de agosto de 2008
EL PODER DE LOS DOCENTES
La verdad es que no estoy seguro si esta entrada tiene que ir en Desigualdad Social pero bueno…
Como todos sabemos en estos días se estuvo realizando un paro de docentes que reclaman un aumento salarial. La protesta en Buenos Aires coincidió además con conflictos en otras provincias. Santa Fe esta en un paro de 72 hs y Mendoza en uno de 48. Todos reclaman mejoras salariales.
Los docentes acaban de rechazar un aumento del 10,4 % luego de, a mediados de este mes, haber rechazado uno del 7%. Al parecer dicen que la adhesión al paro fue total, igualmente, el acatamiento fue menos en los colegios privados. Hoy por hoy, los chicos que siguen sin clases son aproximadamente 3 millones. Es muchísima gente.
En esta entrada no quiero que se discuta si los docentes tienen razón o no en lo que están haciendo. Cada uno pensará como quiere y tendrá sus razones para hacerlo.
Igualmente, para que quede bien esta entrada en Desigualdad Social quiero que hagamos un poco de memoria y nos acordemos de todas las veces que dijimos que la solución a la mayoría de los problemas que tratamos en los diferentes blogs venían de la mano con la educación. Por ende, es muy injusto que hasta tengan que pedir un aumento. Todos sabemos que se les paga poco cuando en realidad, con la salud, son de las cosas más importantes.
Lo que quiero que pensemos es el gran poder que tienen los docentes. Ya van 3 millones de chicos sin clases, sin contar que la semana que viene podría haber un nuevo paro y, por ende, más docentes adheridos. Aunque no nos demos cuenta el sindicato, en realidad, los maestros tienen un inmenso poder ya que estos hechos que están ocurriendo, que haya tanta gente sin ir a clases perjudica al Gobierno y al mismo tiempo le saca poder. La pregunta es cuánto poder tienen los sindicatos de docentes y hasta cuándo pueden especular con estos paros pidiendo la suba de los salarios sabiendo a los chicos que dejan sin la posibilidad de aprender si se quiere por culpa del Gobierno.
Como todos sabemos en estos días se estuvo realizando un paro de docentes que reclaman un aumento salarial. La protesta en Buenos Aires coincidió además con conflictos en otras provincias. Santa Fe esta en un paro de 72 hs y Mendoza en uno de 48. Todos reclaman mejoras salariales.
Los docentes acaban de rechazar un aumento del 10,4 % luego de, a mediados de este mes, haber rechazado uno del 7%. Al parecer dicen que la adhesión al paro fue total, igualmente, el acatamiento fue menos en los colegios privados. Hoy por hoy, los chicos que siguen sin clases son aproximadamente 3 millones. Es muchísima gente.
En esta entrada no quiero que se discuta si los docentes tienen razón o no en lo que están haciendo. Cada uno pensará como quiere y tendrá sus razones para hacerlo.
Igualmente, para que quede bien esta entrada en Desigualdad Social quiero que hagamos un poco de memoria y nos acordemos de todas las veces que dijimos que la solución a la mayoría de los problemas que tratamos en los diferentes blogs venían de la mano con la educación. Por ende, es muy injusto que hasta tengan que pedir un aumento. Todos sabemos que se les paga poco cuando en realidad, con la salud, son de las cosas más importantes.
Lo que quiero que pensemos es el gran poder que tienen los docentes. Ya van 3 millones de chicos sin clases, sin contar que la semana que viene podría haber un nuevo paro y, por ende, más docentes adheridos. Aunque no nos demos cuenta el sindicato, en realidad, los maestros tienen un inmenso poder ya que estos hechos que están ocurriendo, que haya tanta gente sin ir a clases perjudica al Gobierno y al mismo tiempo le saca poder. La pregunta es cuánto poder tienen los sindicatos de docentes y hasta cuándo pueden especular con estos paros pidiendo la suba de los salarios sabiendo a los chicos que dejan sin la posibilidad de aprender si se quiere por culpa del Gobierno.
lunes, 11 de agosto de 2008
El otro día estaba en el médico y esperando agarré una de esas revistas viejas que siempre están en los consultorios y me la puse a leer y encontré un articulo dentro de todo interesante.
El artículo de la revista La Nación se trataba de las empleadas domésticas, especialmente de las más jóvenes, de 18 en adelante, que trabajaban en casas donde vivían chicos o chicas de aproximadamente la misma edad. Mostraban diferentes casos y además mostraba diferentes puntos de vista y experiencias de personas que las contrataban. Había casos donde no había problemas a pesar de la gran diferencia social que existía entre la empleada y el hijo, y donde llegaban a trabajar muchísimo tiempo, pero también existían casos donde a la larga surgían diferentes inconvenientes.
En general los problemas eran por envidia; por las diferentes realidades de las personas a pesar de tener la misma edad, por sus diferentes obligaciones, etc. Muchas veces se trataba de robos de diferentes cosas, otras veces se trataba de la ropa, y de su cuidado o hasta de su mismo robo, y como esos existían problemas de todo tipo, insultos, maltratos, etc.
Por eso, en el artículo existían dos posturas bien diferentes. La primera era la de dejar trabajar a esa chica para ayudarla a pesar de todas las diferencias que existían. Las personas que se mostraban a favor de esta idea nunca habían tenido ningún inconveniente, o nunca habían tenido que contratar a una chica de la misma edad que sus hijas y decían que no tenían porqué no darles trabajo, que se lo merecían igual que cualquier otra persona y que si no lo necesitarían no lo estarían buscando. Hasta les parecía injusto no darles una posibilidad
Los otros – muchas veces por experiencia – se mostraban en contra de dejar trabajar a gente de la misma edad que sus hijos por las diferentes realidades que afrontaban a pesar de tener la misma edad. No les parecía bien que mientras la empleada tenga que trabajar y hasta a veces, cumplir caprichos de sus hijos, mientras ellos - sus hijos - no tengan responsabilidades y salgan, por ejemplo, todo el fin de semana. O no les parecia bien que tengan que lavarles la ropa, y cosas por el estilo. Estas personas que se mostraban en contra de dejarlas trabajar en esas situaciones, tenian la idea de que todas en algun momento, y no por culpa de ellas mismas, iban a tentarse con cosas, o les iba a dar bornca algo, solo por el hecho de convivir día a día con esa diferencia de realidades. Decían que a la larga, no podía terminar todo bien y repito, no por culpa de ellas, por culpa de la situación.
Me pareció realmente interesante ver los dos puntos de vista y que cada uno de ustedes pueda dar a conocer el suyo también.
Juan Bautista.
El artículo de la revista La Nación se trataba de las empleadas domésticas, especialmente de las más jóvenes, de 18 en adelante, que trabajaban en casas donde vivían chicos o chicas de aproximadamente la misma edad. Mostraban diferentes casos y además mostraba diferentes puntos de vista y experiencias de personas que las contrataban. Había casos donde no había problemas a pesar de la gran diferencia social que existía entre la empleada y el hijo, y donde llegaban a trabajar muchísimo tiempo, pero también existían casos donde a la larga surgían diferentes inconvenientes.
En general los problemas eran por envidia; por las diferentes realidades de las personas a pesar de tener la misma edad, por sus diferentes obligaciones, etc. Muchas veces se trataba de robos de diferentes cosas, otras veces se trataba de la ropa, y de su cuidado o hasta de su mismo robo, y como esos existían problemas de todo tipo, insultos, maltratos, etc.
Por eso, en el artículo existían dos posturas bien diferentes. La primera era la de dejar trabajar a esa chica para ayudarla a pesar de todas las diferencias que existían. Las personas que se mostraban a favor de esta idea nunca habían tenido ningún inconveniente, o nunca habían tenido que contratar a una chica de la misma edad que sus hijas y decían que no tenían porqué no darles trabajo, que se lo merecían igual que cualquier otra persona y que si no lo necesitarían no lo estarían buscando. Hasta les parecía injusto no darles una posibilidad
Los otros – muchas veces por experiencia – se mostraban en contra de dejar trabajar a gente de la misma edad que sus hijos por las diferentes realidades que afrontaban a pesar de tener la misma edad. No les parecía bien que mientras la empleada tenga que trabajar y hasta a veces, cumplir caprichos de sus hijos, mientras ellos - sus hijos - no tengan responsabilidades y salgan, por ejemplo, todo el fin de semana. O no les parecia bien que tengan que lavarles la ropa, y cosas por el estilo. Estas personas que se mostraban en contra de dejarlas trabajar en esas situaciones, tenian la idea de que todas en algun momento, y no por culpa de ellas mismas, iban a tentarse con cosas, o les iba a dar bornca algo, solo por el hecho de convivir día a día con esa diferencia de realidades. Decían que a la larga, no podía terminar todo bien y repito, no por culpa de ellas, por culpa de la situación.
Me pareció realmente interesante ver los dos puntos de vista y que cada uno de ustedes pueda dar a conocer el suyo también.
Juan Bautista.
domingo, 27 de julio de 2008
ESTRATEGIAS
Ahora que me siento a escribir al respecto, recuerdo que no es la primera vez que lo he visto. Y éste no es un detalle menor. Entender que una misma situación puede un día ser ignorada, otro día interpretada como una cuestión pintoresca, otra vez inquietante, alguna otra vez reveladora, es una denuncia cabal de que todo a nuestro alrededor podría ser de otra manera (cosa que no sólo no es menor, sino que es quizás el motor de todos nuestros actos, entre ellos, este mismo texto).
Volvía ayer de la oficina en el subte D, no demasiado tarde, tratando de evitar la hora pico en la que se respira un aire de tensión por el solo hecho de no poder subir a los vagones. Estaba leyendo un libro bastante interesante que compré ayer (me encanta comprar libros y leerlos casi desesperadamente, en la cama, en el subte, caminando, en la hora del almuerzo), que discurría virulentamente contra el concepto de un arte elitista y la división entre un arte “alto” y uno “bajo”, denunciando las arrogancias de quienes creen que solo se puede llamar arte a una sinfonía de Beethoven.
Entre la estación Palermo y Carranza, entraron dos chicos en el vagón. Parecían hermanos, el mayor debía tener unos ocho años y el menor alrededor de cinco. Recuerdo que el más chico le preguntaba a su hermano en qué estación estaban, el otro muy orgulloso de su capacidad de lectura respondía seguro “M Carranza”. Aunque yo estaba bastante enfrascado en la lectura, apenas vi a los chicos noté que estaban ahí para pedir unas monedas.
Todos los que transitamos la ciudad estamos entrenados para identificar, con un simple golpe de vista, diferentes roles en las personas con las que nos cruzamos. En el subte podemos distinguir muy fácilmente quién es maquinista o empleado de la empresa de transportes, quién es pasajero, quién vendedor y quién mendigo. Esta tipología está asociada a una clase de comportamiento claramente diferenciado. Frente a otro pasajero, nuestra tendencia es ser más comprensivos, porque es, al menos durante el trayecto y en tanto que pasajero, nuestro igual. Pero frente a los chicos que pasan pidiendo una moneda, la reacción es muy distinta. Ellos están allí, como están otras personas que no consideramos nuestros iguales, expresando una realidad muy dolorosa. El hecho de un ser humano que, dejemos a un lado por un momento las circunstancias que lo llevan a esta situación, está pidiendo nuestra ayuda.
No estoy diciendo nada demasiado controvertido o inverosímil, si afirmo que vivimos y cooperamos en un esquema socioeconómico que sistemáticamente arroja a una cantidad importante de la población a situaciones como las que estoy mencionando. ¿Qué quiero decir con esto? Que para todos nosotros es normal cruzarnos a diario con distintas personas que piden nuestra ayuda de diferentes maneras y que ante esta realidad, nos vamos formando nuestras propias estrategias para responder a este reclamo. Porque no importa si la otra persona está con una mano tendida hacia nosotros, en una acción que nos interpela directamente, o si está durmiendo tapada con unos cartones sin reparar en que pasamos a su lado, apurados para no llegar tarde al cine. De cualquier forma, con mayor o menor conciencia, sabemos que allí hay algo injusto y sobre todo doloroso.
Si miramos nuestras reacciones y comportamientos y los de las personas de alrededor, creo que todo se podría resumir en la estrategia que persigue un “intento de indiferencia”. Algunos lo logran completamente y la interpelación del otro les es completamente indiferente, es decir, no causa en ellos ningún cambio, siquiera el de saber que aquello está pasando frente a sus narices. Para lograr este resultado todo es válido: desviar la mirada, distraernos con el cartel que encontramos más a mano, revolver en nuestras pertenencias o en nuestra memoria. Otros logran una indiferencia parcial, algo se les revuelve dentro, pero saben que no pueden hacerse cargo de resolver la situación de todas estas personas y también necesitan de una estrategia que les permita seguir viviendo y evitando que su vida cotidiana se convierta en una angustia constante. La estrategia, nuevamente, es hacer de esas personas no-personas, despojarlos de su estatus de sujeto con derechos, con sentimientos, con temores y esperanzas. Es decir, evitar entender que el otro puede ser uno mismo.
Vuelvo a lo que sucedió ayer en el subte. Los chicos tenían unas estampitas, pero en lugar de dejarlas a los que iban sentados o, simplemente extender su mano con la palma hacia arriba, ofrecían su mano para que se la estrecharan. Lo primero que generaba en las otras personas era sorpresa, porque no formaba parte de sus expectativas este gesto que suele darse entre iguales. El ofrecer la mano, no en señal de pedido, sino en señal de estrecharse, es de por sí algo difícil de ignorar. A los que estrechaban la mano de los chicos, ellos les daban un beso y les dejaban una estampita. No hubo ninguno de los que le dieron la mano a los chicos, que no les haya dado luego una moneda. El motivo es bastante claro, el contacto físico con el otro, el saludo entre iguales, desarma completamente la estrategia de ignorar que el otro es una persona, como uno.
Nuestro saludo occidental, de estrechar la mano derecha, es como el saludo oriental de agachar el torso, una señal de paz y buena voluntad. En nuestro caso, nos entregamos sin un arma en la mano, en oriente se ofrece la cabeza. Estamos mostrándonos vulnerables, corporalmente vulnerables, y explicitando ante un otro que confiamos en que él es uno de nosotros y no abusará de esa vulnerabilidad.
La estrategia de estos chicos es presentarse como personas, y es una estrategia exitosa. Anula la estrategia de tratamiento asimétrico del resto de la gente. El tratamiento asimétrico del que hablo es el de ser sensibles al dolor de ciertas personas y no al de otras, de forma completamente arbitraria. Por ejemplo, una persona puede ser completamente insensible a las matanzas realizadas en Irak o en las Torres Gemelas, pero no al asesinato de un vecino. Y es que la lejanía corporal de ciertos sucesos permite “olvidar” que los que los padecen también son personas, como uno. Siempre descreí de la Maldad, así con mayúscula. La idea de que Hitler (el mayor arquetipo de persona malvada en el siglo XX) pueda ser una persona sensible y comprensiva con otras personas cercanas a su entorno y AL MISMO TIEMPO dirigir una matanza a escala industrial, solamente es comprensible si entendemos que la gente asesinada tenía cierta parte de su condición de persona suspendida, que no eran sus iguales.
El mismo mecanismo es el que utilizamos nosotros a diario cuando ignoramos el sufrimiento de alguien sin techo, pero ayudamos sin miramientos a un amigo de un amigo que tampoco conocemos, pero que sentimos que forma parte de nuestro mismo círculo social y como tal, es un semejante. Esta estrategia permite ser indiferente ante el hambre de millones de personas, ante la injusticia sistematizada y el dolor que nos rodea y seguir con nuestras vidas como si nada pasara.
Pero hay otra estrategia, la de humanizar cada vez a más personas. La de transformar en sujetos a más humanos. Y no es necesario para esto recurrir a complicadas tecnologías. A veces una mano tendida es suficiente.
Volvía ayer de la oficina en el subte D, no demasiado tarde, tratando de evitar la hora pico en la que se respira un aire de tensión por el solo hecho de no poder subir a los vagones. Estaba leyendo un libro bastante interesante que compré ayer (me encanta comprar libros y leerlos casi desesperadamente, en la cama, en el subte, caminando, en la hora del almuerzo), que discurría virulentamente contra el concepto de un arte elitista y la división entre un arte “alto” y uno “bajo”, denunciando las arrogancias de quienes creen que solo se puede llamar arte a una sinfonía de Beethoven.
Entre la estación Palermo y Carranza, entraron dos chicos en el vagón. Parecían hermanos, el mayor debía tener unos ocho años y el menor alrededor de cinco. Recuerdo que el más chico le preguntaba a su hermano en qué estación estaban, el otro muy orgulloso de su capacidad de lectura respondía seguro “M Carranza”. Aunque yo estaba bastante enfrascado en la lectura, apenas vi a los chicos noté que estaban ahí para pedir unas monedas.
Todos los que transitamos la ciudad estamos entrenados para identificar, con un simple golpe de vista, diferentes roles en las personas con las que nos cruzamos. En el subte podemos distinguir muy fácilmente quién es maquinista o empleado de la empresa de transportes, quién es pasajero, quién vendedor y quién mendigo. Esta tipología está asociada a una clase de comportamiento claramente diferenciado. Frente a otro pasajero, nuestra tendencia es ser más comprensivos, porque es, al menos durante el trayecto y en tanto que pasajero, nuestro igual. Pero frente a los chicos que pasan pidiendo una moneda, la reacción es muy distinta. Ellos están allí, como están otras personas que no consideramos nuestros iguales, expresando una realidad muy dolorosa. El hecho de un ser humano que, dejemos a un lado por un momento las circunstancias que lo llevan a esta situación, está pidiendo nuestra ayuda.
No estoy diciendo nada demasiado controvertido o inverosímil, si afirmo que vivimos y cooperamos en un esquema socioeconómico que sistemáticamente arroja a una cantidad importante de la población a situaciones como las que estoy mencionando. ¿Qué quiero decir con esto? Que para todos nosotros es normal cruzarnos a diario con distintas personas que piden nuestra ayuda de diferentes maneras y que ante esta realidad, nos vamos formando nuestras propias estrategias para responder a este reclamo. Porque no importa si la otra persona está con una mano tendida hacia nosotros, en una acción que nos interpela directamente, o si está durmiendo tapada con unos cartones sin reparar en que pasamos a su lado, apurados para no llegar tarde al cine. De cualquier forma, con mayor o menor conciencia, sabemos que allí hay algo injusto y sobre todo doloroso.
Si miramos nuestras reacciones y comportamientos y los de las personas de alrededor, creo que todo se podría resumir en la estrategia que persigue un “intento de indiferencia”. Algunos lo logran completamente y la interpelación del otro les es completamente indiferente, es decir, no causa en ellos ningún cambio, siquiera el de saber que aquello está pasando frente a sus narices. Para lograr este resultado todo es válido: desviar la mirada, distraernos con el cartel que encontramos más a mano, revolver en nuestras pertenencias o en nuestra memoria. Otros logran una indiferencia parcial, algo se les revuelve dentro, pero saben que no pueden hacerse cargo de resolver la situación de todas estas personas y también necesitan de una estrategia que les permita seguir viviendo y evitando que su vida cotidiana se convierta en una angustia constante. La estrategia, nuevamente, es hacer de esas personas no-personas, despojarlos de su estatus de sujeto con derechos, con sentimientos, con temores y esperanzas. Es decir, evitar entender que el otro puede ser uno mismo.
Vuelvo a lo que sucedió ayer en el subte. Los chicos tenían unas estampitas, pero en lugar de dejarlas a los que iban sentados o, simplemente extender su mano con la palma hacia arriba, ofrecían su mano para que se la estrecharan. Lo primero que generaba en las otras personas era sorpresa, porque no formaba parte de sus expectativas este gesto que suele darse entre iguales. El ofrecer la mano, no en señal de pedido, sino en señal de estrecharse, es de por sí algo difícil de ignorar. A los que estrechaban la mano de los chicos, ellos les daban un beso y les dejaban una estampita. No hubo ninguno de los que le dieron la mano a los chicos, que no les haya dado luego una moneda. El motivo es bastante claro, el contacto físico con el otro, el saludo entre iguales, desarma completamente la estrategia de ignorar que el otro es una persona, como uno.
Nuestro saludo occidental, de estrechar la mano derecha, es como el saludo oriental de agachar el torso, una señal de paz y buena voluntad. En nuestro caso, nos entregamos sin un arma en la mano, en oriente se ofrece la cabeza. Estamos mostrándonos vulnerables, corporalmente vulnerables, y explicitando ante un otro que confiamos en que él es uno de nosotros y no abusará de esa vulnerabilidad.
La estrategia de estos chicos es presentarse como personas, y es una estrategia exitosa. Anula la estrategia de tratamiento asimétrico del resto de la gente. El tratamiento asimétrico del que hablo es el de ser sensibles al dolor de ciertas personas y no al de otras, de forma completamente arbitraria. Por ejemplo, una persona puede ser completamente insensible a las matanzas realizadas en Irak o en las Torres Gemelas, pero no al asesinato de un vecino. Y es que la lejanía corporal de ciertos sucesos permite “olvidar” que los que los padecen también son personas, como uno. Siempre descreí de la Maldad, así con mayúscula. La idea de que Hitler (el mayor arquetipo de persona malvada en el siglo XX) pueda ser una persona sensible y comprensiva con otras personas cercanas a su entorno y AL MISMO TIEMPO dirigir una matanza a escala industrial, solamente es comprensible si entendemos que la gente asesinada tenía cierta parte de su condición de persona suspendida, que no eran sus iguales.
El mismo mecanismo es el que utilizamos nosotros a diario cuando ignoramos el sufrimiento de alguien sin techo, pero ayudamos sin miramientos a un amigo de un amigo que tampoco conocemos, pero que sentimos que forma parte de nuestro mismo círculo social y como tal, es un semejante. Esta estrategia permite ser indiferente ante el hambre de millones de personas, ante la injusticia sistematizada y el dolor que nos rodea y seguir con nuestras vidas como si nada pasara.
Pero hay otra estrategia, la de humanizar cada vez a más personas. La de transformar en sujetos a más humanos. Y no es necesario para esto recurrir a complicadas tecnologías. A veces una mano tendida es suficiente.
jueves, 10 de julio de 2008
SKA-P Mestizaje
Artista: Ska-P
Album: Planeta Eskoria
Canción: Mestizaje
Negro africano, asiático oriental,
indio americano, africano musulmán
Blanco europeo, aborigen australiano,
cinco continentes en un mismo corazón
MULTIRACIAL, MULTICULTURAL,
MULTIRACIAL, MULTICULTURAL
Desde Filipinas a América Central,
desde el Polo Norte hasta Madagascar
Este puto mundo no es de nadio y es de todos,
cinco continentes en un mismo corazón
MULTIRACIAL, MULTICULTURAL,
MULTIRACIAL, MULTICULTURAL
No fronteras, no banderas, no a la autoridad
!No riqueza, no pobreza, no desigualdad !
Rompamos la utopía, dejemos de soñar,
arriba el mestizaje, convivir en colectividad
GRITARÉ QUE ARDAN LAS BANDERAS
POR LA FRATERNIDAD
QUE CAIGA EL PATRIOTISMO Y LA HOSTILIDAD RACIAL
CULTURA POPULAR...[x2]
Ay, ay, ay, la justicia dónde está,
crucificada en los altares del capital
Ay, ay, ay, la justicia dónde está
Ni tu residencia, ni el credo, ni el color,
ninguna diferencia te hace superior
Estúpido racista, deserción del ser humano,
cinco continentes en un mismo corazón
MULTIRACIAL, MULTICULTURAL,
MULTIRACIAL, MULTICULTURAL
No fronteras, no banderas, no a la autoridad
No riqueza, no pobreza, no desigualdad
Rompamos la utopía, dejemos de soñar,
arriba el mestizaje, convivir en colectividad
GRITARÉ QUE ARDAN LAS BANDERAS
POR LA FRATERNIDAD
QUE CAIGA EL PATRIOTISMO Y LA HOSTILIDAD RACIAL
CULTURA POPULAR...[x2]A
y, ay, ay, la justicia dónde está,
crucificada en los altares del capital
Ay, ay, ay, la justicia dónde está
Rompamos la utopía, dejemos de soñar
arriba el mestizaje, convivir en colectividad
GRITARÉ QUE ARDAN LAS BANDERAS
POR LA FRATERNIDAD
QUE CAIGA EL PATRIOTISMO Y LA HOSTILIDAD RACIAL
CULTURA POPULAR...[x2
En la primera partede esta cancion de skap habla sobre la discriminacion y las diferencias sociales, trata sobre las diferentes culturas y razas tales como
Negro africano, asiático oriental, indio americano, africano musulmánBlanco europeo, aborigen australiano, cinco continentes en un mismo corazón
Esta banda como por eejmeplo en la gran mayoria de sus canciones hablan de las desigualdades, las drogas, el sexo , etc.
Piden que no hayan fronteras, que todos vivamos en colectividad y todos sean iguales, aqui nadie es superior ni por su color ni por su dinero.
Rompamos la utopía, dejemos de soñar, arriba el mestizaje, convivir en colectividad
Ni tu residencia, ni el credo, ni el color, ninguna diferencia te hace superiorEstúpido racista, deserción del ser humano, cinco continentes en un mismo corazón
Esta cancion muestra que no debe aver desigualdad que con ella no llegaremos a ningun lado y todos debemos estar unidos, piden justicia y que caiga el patriotismo.
No riqueza, no pobreza, no desigualdad !
Album: Planeta Eskoria
Canción: Mestizaje
Negro africano, asiático oriental,
indio americano, africano musulmán
Blanco europeo, aborigen australiano,
cinco continentes en un mismo corazón
MULTIRACIAL, MULTICULTURAL,
MULTIRACIAL, MULTICULTURAL
Desde Filipinas a América Central,
desde el Polo Norte hasta Madagascar
Este puto mundo no es de nadio y es de todos,
cinco continentes en un mismo corazón
MULTIRACIAL, MULTICULTURAL,
MULTIRACIAL, MULTICULTURAL
No fronteras, no banderas, no a la autoridad
!No riqueza, no pobreza, no desigualdad !
Rompamos la utopía, dejemos de soñar,
arriba el mestizaje, convivir en colectividad
GRITARÉ QUE ARDAN LAS BANDERAS
POR LA FRATERNIDAD
QUE CAIGA EL PATRIOTISMO Y LA HOSTILIDAD RACIAL
CULTURA POPULAR...[x2]
Ay, ay, ay, la justicia dónde está,
crucificada en los altares del capital
Ay, ay, ay, la justicia dónde está
Ni tu residencia, ni el credo, ni el color,
ninguna diferencia te hace superior
Estúpido racista, deserción del ser humano,
cinco continentes en un mismo corazón
MULTIRACIAL, MULTICULTURAL,
MULTIRACIAL, MULTICULTURAL
No fronteras, no banderas, no a la autoridad
No riqueza, no pobreza, no desigualdad
Rompamos la utopía, dejemos de soñar,
arriba el mestizaje, convivir en colectividad
GRITARÉ QUE ARDAN LAS BANDERAS
POR LA FRATERNIDAD
QUE CAIGA EL PATRIOTISMO Y LA HOSTILIDAD RACIAL
CULTURA POPULAR...[x2]A
y, ay, ay, la justicia dónde está,
crucificada en los altares del capital
Ay, ay, ay, la justicia dónde está
Rompamos la utopía, dejemos de soñar
arriba el mestizaje, convivir en colectividad
GRITARÉ QUE ARDAN LAS BANDERAS
POR LA FRATERNIDAD
QUE CAIGA EL PATRIOTISMO Y LA HOSTILIDAD RACIAL
CULTURA POPULAR...[x2
En la primera partede esta cancion de skap habla sobre la discriminacion y las diferencias sociales, trata sobre las diferentes culturas y razas tales como
Negro africano, asiático oriental, indio americano, africano musulmánBlanco europeo, aborigen australiano, cinco continentes en un mismo corazón
Esta banda como por eejmeplo en la gran mayoria de sus canciones hablan de las desigualdades, las drogas, el sexo , etc.
Piden que no hayan fronteras, que todos vivamos en colectividad y todos sean iguales, aqui nadie es superior ni por su color ni por su dinero.
Rompamos la utopía, dejemos de soñar, arriba el mestizaje, convivir en colectividad
Ni tu residencia, ni el credo, ni el color, ninguna diferencia te hace superiorEstúpido racista, deserción del ser humano, cinco continentes en un mismo corazón
Esta cancion muestra que no debe aver desigualdad que con ella no llegaremos a ningun lado y todos debemos estar unidos, piden justicia y que caiga el patriotismo.
No riqueza, no pobreza, no desigualdad !
lunes, 9 de junio de 2008
SOBRE LAS DÁDIVAS

Existe en cierta gente la creencia de que a las personas pobres hay que alimentarlas. Parece ser que muchos opinan que las dádivas en forma de pequeñas monedas que obsequiosamente entregan a cambio de una limpieza de conciencia, deben ser utilizadas sobre todo con fines nutricionales transformadas en polenta o arroz.
Detrás de la mano que presenta la limosna o de la fundación que ayuda al comedor está muchas veces la conciencia de que esta "pobre gente" no es capaz de hacer buen uso del dinero que recibe, que muchas veces va y se lo gasta en vino...
Hay en la dádiva no solamente una confirmación de la relación poderoso-oprimido, en la que el primero solamente atiende a su capricho voluntarioso para ayudar al necesitado. También generalmente la dádiva comporta otro tipo de relación de dominación, la relación saber-ignorancia. El rico sabe lo que es bueno para el pobre, y por supuesto el pobre no lo sabe, ¿cómo podría?
Pero ¿qué es lo que nos hace humanos, realmente humanos? ¿Estar alimentados? La nutrición es un proceso que necesitan las plantas y los animales tanto como los hombres. Si bien para todos es base indispensable, no es lo que nos hace sentir que la vida vale la pena. Lo que realmente necesitamos los humanos es un ejercicio de nuestra libertad (más o menos libre, más o menos alienada), que en buena parte se da en forma de cultura.
¿Qué quiero decir con esto? En el imaginario del dadivoso está el preconcepto de que el pobre solamente necesita alimentarse, no se le ocurre que es una persona y que como tal puede ser que quiera ser feliz comprándose determinada remera que vio por ahí, o yendo a un recital del grupo de música que le gusta o viendo una película. ¿Por qué es que el dadivoso puede (realizándose o no, esa es otra discusión) decidir qué hacer con sus recursos pero no quiere darle esta libertad al otro?
Quizás si el otro no es un otro con capacidades de libertad, pues entonces forme parte de otra raza, más animal que hombre y entonces necesite solo alimentarse y sobrevivir. Si es así entonces este buen señor que le da una moneda al chico que hace malabares frente a su auto, pueda emborracharse para olvidar sus penas y drogarse para experimentar determinados placeres, pero el pobre no tiene ni siquiera el derecho de perderse a sí mismo de estas maneras como el buen señor.
La dádiva es la confirmación de la condición de esclavitud, en tanto que el que da tiene en sí toda la libertad, de elegir cuándo, cuánto y para qué, mientras que el que recibe parece ser que ni siquiera puede decidir por sí mismo la mejor forma de su para qué vivir.
No son monedas que se pagan con libertad lo que estas gentes necesitan. Lo que necesitan es ser reconocidos como humanos.
miércoles, 28 de mayo de 2008
Todos sabemos que a pesar de que la suba de retenciones generó a los grandes y medianos productores una gran pérdida de dinero todavía siguen ganando grandes cantidades. Es más, no creo que pérdida sea la palabra. Mejor sería poner que la suba retenciones hizo que su enorme ganancia sea menor ya que todos sabemos que a pesar de ellas todavía sigue siendo un buen negocio para ellos.
Ahora bien, tenemos a los grandes productores que siguen ganando miles y miles de dólares y a los medianos que, no a tan grande medida, todavía salen ganando, pero… ¿Qué pasa con los pequeños productores? Ellos sí salen perdiendo, a ellos sí las subas de retenciones les arruinó su negocio. Al tener pocas hectáreas de soja no es tanta la diferencia que hacían antes de la nueva suba de retenciones. Menos lo es ahora. Peor. Muchos salen perdiendo, a muchos ya no le rinde el negocio y quedan con un saldo negativo. No justo que una persona que es dueña de media provincia llena de soja pague lo mismo por alguien que solo tiene por ejemplo cien o cincuenta hectáreas solamente.
¿No sería mejor hacer a las retenciones aún menos generales? Así cada uno respondería con los impuestos de acuerdo con lo que gana. Teóricamente así funcionan muchos impuestos. Cada persona paga impuestos por las cosas que tiene, los que tienen más teóricamente pagan más impuestos.
Independientemente de estar a favor o no de las retenciones, me parece que sí o sí tenemos que estar en contra en esta situación, en la de los pequeños productores.
Yona oligarca.
Ahora bien, tenemos a los grandes productores que siguen ganando miles y miles de dólares y a los medianos que, no a tan grande medida, todavía salen ganando, pero… ¿Qué pasa con los pequeños productores? Ellos sí salen perdiendo, a ellos sí las subas de retenciones les arruinó su negocio. Al tener pocas hectáreas de soja no es tanta la diferencia que hacían antes de la nueva suba de retenciones. Menos lo es ahora. Peor. Muchos salen perdiendo, a muchos ya no le rinde el negocio y quedan con un saldo negativo. No justo que una persona que es dueña de media provincia llena de soja pague lo mismo por alguien que solo tiene por ejemplo cien o cincuenta hectáreas solamente.
¿No sería mejor hacer a las retenciones aún menos generales? Así cada uno respondería con los impuestos de acuerdo con lo que gana. Teóricamente así funcionan muchos impuestos. Cada persona paga impuestos por las cosas que tiene, los que tienen más teóricamente pagan más impuestos.
Independientemente de estar a favor o no de las retenciones, me parece que sí o sí tenemos que estar en contra en esta situación, en la de los pequeños productores.
Yona oligarca.
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